jueves, 11 de septiembre de 2008

Viaje al fondo del universo(*)

Tuve una experiencia increíble y quiero que me escuches bien, porque te la voy a contar toda completa. En verdad, desde que entré a la nave espacial, supe que tendría que recordarlo todo muy bien para poder contártelo todo en detalle, de modo que sepas lo que te sucederá cuando te toque a vos hacer el viaje. Por eso presté mucha atención a todo lo que sucedió, segundo a segundo, y quiero que ahora me presten atención a mi, por más cansada que estés.
Imaginate que para mi fue toda una experiencia muy impresionante aquello de atravesar el espacio sideral al doble de la velocidad de la luz. Te aseguro que es muy impresionante dejar el planeta Tierra y emprender esa aventura donde quedás deslumbrada por el repiqueteo de los asteroides al chocar contra tu nave, el destello de los cometas y el brillo de las supernovas.
Te cuento que la primera condición para abordar la nave es hacer muchos estudios que prueban si sos la persona indicada para abordar la nave. Científicos y expertos miran con cuidado los resultados de todos tus exámenes, hablan entre ellos, y finalmente deciden si sos la elegida para abordar la nave o no.
El día del despegue tuve que levantarme muy temprano y esperar en la base, donde todo el mundo llevaba impecables guardapolvos blancos por pasillos de pisos brillosos como espejos. Allí me dijeron que debía esperar mi llamada ante la puerta del fondo. Esperé ante una pantalla de televisor donde un periodista anunciaba el lanzamiento de muchas naves al espacio exterior. No puedo negar que me sentí muy privilegiada de haber tenido esta oportunidad de colonizar otros planetas. Estaba segura de que los resultados de mis exámenes habían impresionado mucho a los expertos, y por eso me tocaba a mí realizar esta experiencia, entre millones de chicos que jamás la harán. .
Un técnico se asomó al pasillo y me llamó por mi nombre.
Luego me hicieron llenar unas planillas en los que te hacen muchas preguntas acerca de si sos claustrofóbica ( si le temés a los espacios cerrados) , tu peso y estatura.
Me hicieron pasar por un vestidor donde tuve que sacarme la ropa y ponerme un traje blanco de astronauta. Se aseguraron de que no llevara absolutamente ningún objeto de metal conmigo, porque podría afectar al magnetismo de la nave y cambiar los resultados de la misión - y me hicieron pasar a una gran sala con luces bajas donde estaba la enorme nave espacial, un objeto que ocupaba toda la sala y era muy moderno.
El sitio de comando estaba tan alto que me pusieron una escalerilla para acceder a él. Luego me pidieron que me acostara en una camilla acolchada, me acomodaron la cabeza sobre una almohada y me ataron todo el cuerpo con unos grandes cintos negros, para que me quedara absolutamente inmóvil durante el viaje. Me dieron unos tapones para tapar mis oídos (pues el estruendo del despegue es tremendo), me desearon buena suerte, y se retiraron todos, cerrando la puerta tras de si.
Yo me quedé sola, muy pendiente de lo que pasaría. Primero me asusté porque no pasaba nada, solo silencio….¿ y si la nave no despegaba? ¿Algo habría fallado?
Luego, no sé si fue mi sitio de comando lo que se movió, o si fue la parte exterior de la nave la que comenzó deslizarse, pero en cuestión de minutos la nave se cerró por completo y quedé dentro de una cápsula donde sentí una vibración que crecía y crecía, lo que me asustó aún más.
Pero traté de serenarme, para disfrutar el viaje.
Primero sentí que la turbina de la izquierda se encendía y hacia un repiqueteo muy persistente. La nave despegó y cuando ya estaba fuera de la atmósfera, se encendió la turbina de la derecha, que impulsó a la nave fuera de la Vía Láctea con el mismo sonido repetido. Una tormenta de vientos solares me acompañó haciendo un rugido a mis espaldas. Atravesé una nube de meteoritos que repiquetearon contra las paredes externas de la nave. Y luego una lluvia de rayos gamma que hicieron zumbir todo delante mío.
La luz de las estrellas era tan fuerte que las veía aun con los ojos fuertemente cerrados.
Al principio pude distinguir las constelaciones que siempre me señalaba el abuelo en el cielo: El Can Mayor, Virgo, Escorpio, Orión…. Pero en segundos atravesé el espacio a tal velocidad que todas las estrellas se desarmaron y me di cuenta de que muchas de las que parecen estar juntas están separadas entre sí por millones de años luz de distancia. No puedo explicarte lo fantástico que fue atravesar galaxias nuevas iluminadas desde dentro por soles que emanan gases de distintos colores. Algunas parecían flores gigantes, como las que tenés en tu jardín, pero con un tamaño colosal, de años luz de diámetro.
De pronto, en un momento, percibí una negrura tan intensa que supe que ahí había un agujero negro cercano. La nave se movió de arriba hacia abajo, y estoy segura de que la fuerza gravitatoria del agujero negro modificó ligeramente mi trayectoria, pero me quedé tranquila sabiendo que los técnicos lo corrigieron desde la base.
De a ratos el espacio se veían sublime, un sitio tranquilo y lleno de paz con un silencio increíble, en el que yo solo escuchaba mi propia respiración. Pero cuando la nave cruzaba otra galaxia, recibía el impacto de meteoritos, coletazos de cometas y vientos estelares que producían ruidos muy fuertes, como de máquinas gigantes, que yo escuchaba pese a tener los protectores de oídos bien colocados.
Uno de estos ruidos me aterró, cuando tuve un incidente muy grande a millones de años luz del Planeta Tierra. Fue que- justo cuando salía de una galaxia que me había inundado de luz fucsia y violeta- , algo chocó contra la nave, y luego sentí un ruido como si estuvieran disparando un arma contra la superficie e mi nave .Fue un estruendo como de ametralladora sin fin, que sonaba cada vez más y más fuerte. Yo sabía que algo o alguien estaba destrozando la capa externa de mi nave, y que capa tras capa estaría llegando hasta el sitio de comando donde estaba yo. Te juro que estuve aterrada durante lo que pareció una eternidad, pero no podía hacer nada al respecto, ni tampoco preguntar nada a la base, que me había pedido que no me moviera para nada.
Recordé de pronto a Diego, mi vecino, que siempre juega al Counter Strike en la computadora, dando y recibiendo disparos de todos lados…¡Si Diego supiera que yo estaba recibiendo disparos de todos lados, como estando dentro de un Counter Strike tridimensional…!
Cuando ya estaba casi resignada a morir en esa batalla galáctica, el ataque se detuvo de golpe y el ruido cesó, hasta quedar nuevamente rodeada de un silencio absoluto, casi alarmante. Seguramente, algo más terrible había espantado a mi enemigo.
La nave estaba inmóvil, flotando en la nada.
Todo a mi alrededor era una oscuridad absoluta tachonada con estrellitas lejanas.
Esperé un ataque mayor, de lago más portentoso, pero no pasó nada.
Estaba segura de que el atacante había destrozado la nave, y de que yo jamás llegaría a destino. “Qué mala suerte haber sobrevivido al ataque” – pensé –“ahora me toca morir de hambre y sed en el espacio.”. Me puse muy triste. Me imaginé flotando para siempre allí, en medio del gigantesco universo, sin que nadie supiera nada más de mi. Pensé en vos, y la pena enorme que tendrías. Segura de que ese era mi triste y solitario fin, por suerte, sentí que una turbina nuevamente entraba en funcionamiento y repiqueteaba su estruendoso ratatatata, que me pareció música a mis oídos… ¡estaba a salvo!
De ahí estuve atravesando a enorme velocidad galaxias en forma de disco y en forma de ganchos sinuosos, galaxias dobles, nebulosas como grandes bolas de luz, y otras como estrellas apiñadas en grupos parecidos a las luces de un árbol de Navidad. No se puede describir con palabras lo inmenso y maravilloso que es el Universo, Natalia. Lo vi tan hermoso que no pude contener la emoción, y me brotaron lágrimas de los ojos, y esos que los tenía cerrados, porque todo eso lo ves cerrando bien los ojos.
Y de pronto, me sucedió lo más increíble de todo: empecé a escuchar que entraba a mis comandos una señal extraña, como un silbido repetido en secuencias iguales. Era una señal inteligente que alguien enviaba de alguna parte del universo. No era de la tierra, porque el mensaje no era hablado: estaba siendo enviado en Código Morse. Al intentar decodificarlo, descubrí que todo el tiempo repetía una serie de cuatro letras: la O…la R…la A…y la M…¿Estaría algún otro equipo científico terrestre estaría pidiendo ayuda? ¿Otro país nos había ganado de mano con el proceso de colonización galáctica? ¿Decían ORAM? ¿Sería algo así como Organización de Reconstrucción Alejada del Mundo?….Me devané los sesos pensando que significarían esas cuatro letras juntas…hasta que al final me di cuenta…¡era tan simple que no lo había descubierto! ¡No era ORAM! …¡ Era amor, repetido una y otra vez durante horas! ”
No tuve ni tiempo de emocionarme con este descubrimiento fantástico, porque el viaje de vuelta a la Tierra se realizó en menos de un segundo, como un latigazo espacial marcha atrás.
Quizás pude haberme quedado dormida, pero todo lo que puedo recordar es que de repente la oscuridad desapareció, y quedé encandilada con la luz que apareció desde la escotilla cuando se abrió la cápsula. El técnico se acercó, me preguntó si estaba bien, y me soltó los cintos que ajustaban mi cuerpo a la cabina. Me dio la mano para ayudarme a salir de la nave, y bajé por la misma escalerilla por donde había subido. Me costó un poco, porque imaginarás que luego de cruzar el universo en la misma posición, estaba algo entumecida.
El técnico me dijo que todo había salido bien, y que en una semana más podría pasar a retirar las fotografías del viaje.
Yo sé que también te toca a vos meterte en estos días a una nave para hacer esta misión a la que llaman de Resonancia Magnética, porque los científicos vieron que tus exámenes salieron aprobados como los míos, para que puedas subir a la nave, así como lo harán Estela, Diego, y alguno otro de las chicos que compartimos este pabellón del hospital.
Pero no le tengas miedo a la nave, Natalia, porque los científicos sólo quieren enviarte por un rato al espacio exterior, para saber si sos tan valiente como para destinarte a vos y a las otras a viajar a galaxias aún más lejanas. Y tenés que saber que, por lejos que te envíen, tarde o temprano vos y yo nos reencontraremos en algún planeta lejano que estemos colonizando. Quédate tranquila, que ese viaje al más allá vale la pena vale la pena. Especialmente ahora que sé que desde el fondo del universo alguien no está avisando lo que hay más allá de todo, todo, todo lo conocido y desconocido es, simplemente, amor.